Dominada por la pasión

Hay veces que una mujer llora por su pasado. Llora porque hay un pasado que está tras ella, llora porque hay quienes la acusan y porque aunque ella quisiera  cambiar de vida,  y olvidar lo que ha ocurrido; su vida ya nunca será igual con este pasado, que para ella es una vergüenza.
Esto a su vez se convertirá en sentimiento de culpa. Quién lo sabrá mejor que Liz.

Liz es nuestro siguiente personaje.
Liz no era una buena esposa. No sabía cómo serlo; Pues aunque lo había intentado un par de años no lo había logrado.
Aquella mañana Liz se había levantado como todas las demás mañanas; Mientras se bañaba ella pensaba en Luis. El le había dicho que la amaba. Aún podía sentir sus caricias  en su cuerpo, y el sabor de sus besos  estaba fresco en su boca. Sus pensamientos eran irrumpidos por un pensamiento que la atormenta. Ella sentía vergüenza de su relación con Luis. Siente que lo que está  haciendo no está bien.
Por unos instantes ella piensa que debería dejar a ese hombre, que la hace ser infiel. De repente se da cuenta que está atrapada por la pasión. Sí la pasión que Luis despierta en ella.
Unas cuantas lágrimas corren por su mejilla húmeda, y suspira sin decir palabras.

Se escucha un silbido poco común. Liz sabe que es ese hombre que la enloquece, por un momento piensa en ignorarlo y no atender a su llamado.  ¿Pero cómo?
Luis llega la besa y comienza a decirle que la ama. Liz trata de decirle algo  pero él la toma entre sus brazos y la besa. La besa como si fuera el último beso.
Liz queda atrapada entre sus brazos, atrapada por una pasión que no puede controlar. ¿O quizás no quiere? ¿Qué piensas tú?
De repente se oyen voces en la sala,  Liz piensa que es su esposo que ha llegado de su viaje.
Ella se da cuenta que no es su esposo, que son otras personas que han llegado a la casa. Ella trata de ir a ver quien ha llegado, pero Luis no la deja.

Ella piensa en su mente que es igual  que otras veces. “dejaré que los sirviente los atiendan, ellos piensan que yo estoy dormida” piensa Liz. Ella hace caso de sus pensamientos, y se deja vencer por su cuerpo, que no quiere separarse de su hombre. Ella se abandona entre sus brazos, y terminan consumando su pasión.
Luis tiene prisa, pues tiene que trabajar y comienza a vestirse; Pero ella no quiere que él se marche, y se para de su cama envuelta en su sabana y lo cubre con su cuerpo desnudo, trata de seducirlo, como ya lo ha hecho otras veces.

El le dice que no, y mientras hablan, entran en su habitación un par de hombres con rostros familiares. Eran las personas de la iglesia, los jefes que juzgan al pueblo, la han sorprendido sin  ropas y en los brazos de un hombre que no es su marido.
Como pudo se pone un camisón y trata de explicarles a ellos lo que pasa,  mientras Luis sin decir palabras sale corriendo de la habitación. Ellos ni enterados de la huida de Luis, pareciera como si él nos les interesaba. 
“adúltera te mataremos” dice uno de los principales del sanedrín.
Cuando la llevaron a Caifás él tenía una mejor idea, llevársela a Jesús. Que vergüenza sentía Liz. Ella estaba desecha  pues ni siquiera la habían dejado vestirse. Ella se sentía desecha no solo porque la matarían, sino también porque Luis la había dejado sola en el momento que ella más lo necesitaba.

Ahora ya Liz no será llamada por su nombre, sino como “la adúltera”.
La llevaron a Jesús, pero él no la condenó. No. El le preguntó: “¿Dónde están los que te acusan?”
Jesús le hizo entender a ella que todos tenían una razón muy evidente, para no acusarla. Ellos también eran pecadores. Jesús le quiso decir a Liz que no abrazara la condenación de la gente, que no aceptara que ellos la mataran, que pensara que todos los pecados delante de él son iguales, que ella tenía que soltar la culpa  ya que nadie la podía señalar delante de él.

La perdonó. Pero le dijo: “vete y no peques más” como queriéndole decir: “yo te perdono, pero valora este perdón, ve y sé diferente, ve y no te dejes llamar “la adúltera” sino más bien: “la perdonada, la cambiada” Este es el mensaje de nuestro Señor: “sé diferente”.
¿Qué quiere decir esto?  Que yo no puedo cambiar mi pasado, pero sí mi presente.

 

Reflejo.

“Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impurezas, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia.” Colosenses 3:5,6

 La palabra: “pasión” viene del griego de la palabra “pathos” que se halla en    plural en  Romanos 1:26 y en Colosenses 3:5,  estos versículos denotan las emociones o sentimientos desordenados de la naturaleza humana no redimida, que deben ser sometidos al gobierno del Espíritu Santo. El verbo que se deriva de la misma raíz pathos significa “sufrimientos”

Esto explica muy claramente por qué las mujeres que le dan riendas sueltas a sus sentimientos, o se dejan atrapar por la pasión, al igual que sucedió con esta mujer, que  no es más que la mujer adúltera, terminan siempre atrapadas en un profundo dolor.
Esto viene como consecuencia, de la raíz que es la pasión desordenada, hacia el sexo.
El adulterio según la ley, merecía la pena de muerte, pero el acusado tenía que ser sorprendido en el acto, y también tenía derecho a un juicio, con ciertos procedimientos acordados para establecer su culpabilidad o inocencia.
Esto lo podemos ver en Números 5:11-31.

La mujer adúltera no fue sometida a ningún juicio, sino que fue utilizada por los principales para tender una trampa a Jesús. En la ley mosaica, cuando el rey  David se arrepintió de su pecado de  adulterio  Dios lo perdonó. (2 Samuel 11:2-5 y salmo 51:1,2)
En el nuevo testamento el señor Jesús declara  que el adulterio no se comete únicamente por el acto en sí, sino también por mirar y codiciar, dando a entender que la sed de este, como todo pecado  que está en el corazón, es también un pecado.

La mujer adúltera, así como la Biblia la llama, una mujer conocida por su pecado, que triste ser conocido por lo que hacemos, y peor aún cuando lo que hemos hecho es vergonzoso. Yo la he llamado Liz, para ponerle un nombre ha este personaje que Dios ha querido que conozcamos, le he puesto un nombre para identificarla con las mujeres de  hoy.
Liz quería ser una buena esposa, quería amar a su marido. Pero aunque por años ella lo había intentado, cayó en la infidelidad y se dejó atrapar por la pasión. La pasión de la juventud. Se dejó seducir por las mentiras que un  hombre en busca de aventuras es capaz de decir.

Aprendemos:

  • Que no es suficiente con ser religiosos
  • Que no es suficiente con querer ser buenos,  pues esto no nos ayudará cuando tenemos problemas matrimoniales.
  • Que debemos de buscar a Dios.
  • Que tenemos que orar más.
  • y buscar una amiga, fíjate que dije amiga, que quiero decir, que el sexo debe ser mujer, porque sino, Satanás  puede engañarte y hacerte caer en lazos de la tentación.
  • Que debes buscar consejos. Pero no de jovencitas inmaduras que solo quieren « disfrutar sus vidas »  o su juventud.
  • Debes buscar mujeres que sean ejemplo con sus vidas.

La mujer adúltera, de no haberse encontrado con Jesús, seguramente hubiera muerto, pero aunque trajéramos esta historia a nuestra época y cultura, aunque no  hay la pena de muerte, hacia una adúltera, es casi lo mismo lo que ocurre en el interior de una mujer cuando cae en el adulterio.

La vergüenza por lo que ha hecho, no la deja vivir, y esto se manifiesta de diferentes maneras:

  • Puede ser que ella se encierre en si misma y nunca mas se perdone lo que ha hecho, en ocasiones, aún siendo cristiana.
  • Pero también la mujer puede tomar un camino equivocado, y caer en la depravación sexual, ya que Satanás le hará creer, que ya como quiera está sucia y que no importa, lo que haga, seguirá estando sucia.

No te quedes llorando tu desgracia, pues aunque tú no puedas verlo, siempre hay algo que se puede hacer. Nunca será tarde si quieres cambiar tu vida. La sinceridad con Dios te ayudará a que puedas salir adelante.
Dios conoce tus necesidades, y él siempre ha querido ayudarte,  toma la mano que él te está ofreciendo hoy, y escucha su voz que te dice: “yo no te condeno, vete y no peques más”