El dolor, el llanto y la pérdida

En esta primera parte analizaremos cómo los sentimientos que sentimos, muchas veces son traicionero y nos engañan, nos hacen sentir equivocadamente.
Esta sección se la dedicaremos a un solo personaje.
Este personaje es: María magdalena.
Sí, las emociones nos engañan, nos ciegan y no nos dejan ver la situación como Dios quiere que la veamos.
Lo que había pasado, era lo mejor para María Magdalena, pero su dolor no la dejaba entender.
En su mente carnal solo podía recordar las últimas escenas de la cruz.

El dolor, el llanto y la pérdida

“Su voz no era la misma” pensaba ella. Ella tenía en su mente el rostro ensangrentado de su maestro, los clavos, la multitud quien lo acusaba y aquel grito de sed que Jesús había hecho mientras colgaba de la cruz.
Resonaba en su mente turbada, aquel grito de sed  de su maestro. Ella se sentía culpable  de no haber podido hacer nada por él. Tenía en su cabeza la imagen de un Cristo derrotado, un maestro vencido y condenado por su mismo pueblo.
Ella había visto como su señor se desangraba por los latigazos.
Había sufrido con él. Magdalena se sentía desecha, turbada  y aunque su cuerpo estaba cansado, ya que los últimos tres días no había dormido, ella  no quería irse a la casa como las demás ya habían hecho. Ella estaba frente al sepulcro buscando una respuesta que no encontraba y que según ella encontraría.
Ella no comprendía por qué él se había dejado matar,  si él tenía el poder sobre la muerte. “El tenía el poder” decía ella entre sollozos a Salomé quien trataba de convencerla de que se fueran a casa. “me quedaré vete,  que quiero estar sola” fueron las palabras de Magdalena a su amiga Salomé. Su cuerpo estaba caliente, sus ropas aún tenían manchas de sangres  del día de la crucifixión. Sus ojos estaban caidos, su pelo estaba despeinado y caía sobre su rostro, y su mirada se perdía frente al sepulcro buscando una  respuesta.
Magdalena quería estar sola con su dolor. No quería ver a nadie, ni estar con el grupo. Solo quería llorar y tratar de comprender lo que le había pasado. “¿Por qué, porqueeee?” decía ella “¿que voy a hacer ahora?” ¿A dónde iré?  ¿Por qué tuvo que morir?”

 

El círculo del dolor

Ella tenía tantas preguntas sin respuestas, y su dolor era tan grande que había olvidado que Jesús era Dios, que él tenía el poder de levantarse de la tumba, como él mismo, ya en algunas ocasiones, había dicho. Ella no podía  recordarlo, ni siquiera porque los ángeles se lo habían recordado. Su dolor superaba las respuestas, que Dios había enviado, para calmarla:

  • Dios había movido la piedra con la intención, de que tanto ella, como las demás mujeres,  vieran que él no estaba allí.
  • Dios mandó un par de ángeles, a darles el mensaje, de que Jesús no estaba entre los muertos, que estaba vivo. Pero tampoco este método de Dios rompió el círculo de su dolor.

Su dolor la hacía olvidar que su Señor, a quien ella amaba era Dios, y que por ende  la muerte no podía detenrle.
Sus emociones la hacían pensar en su maestro como un cadáver inmóvil, incapaz de defenderse por sí mismo de unos viles ladrones. La hacían pensar  que Jesús necesitaba las pocas fuerzas de una débil mujer, para que lo cargara de vuelta al sepulcro.
Ella tenía buenas intenciones, pero estaba equivocada, porque creía que podía cargar a Dios.
Claro está,  que  ella pensaba en él, como un cadáver

  • El dolor nos quita las verdaderas perspectivas, de lo que realmente está ocurriendo a nuestro derredor.
  • El dolor no nos deja ver las cosas como Dios quiere que la veamos.
  • El dolor es una manera de expresar nuestras emociones, pero muchas veces nos engaña, nos manipula y nos hace pensar equivocadamente, así como pasó a Magdalena.
  • El dolor es un mal consejero. Muchas personas que terminan en el suicidio es por causa del dolor.

Satanás sabe esto; por esta causa trata de producir dolor en las vidas de las personas, para que la gente pierda las esperanzas y el deseo de vivir.
El quiere que tú pienses que a nadie le importas, que todo está totalmente perdido. El quiere que tú pienses que no puedes seguir adelante. Él se encarga de cambiar el lente de tu vida, y te hace ver la vida con el lente de la desesperanza. Este lente es muy peligroso se llama desánimo y quiere que tú enfoques tu vida en lo negativo, en las cosas que están oscuras y grises; cuando en realidad están coloridas pues nuestro Señor  vive y está a la diestra de Dios  ¿ya lo sabías ?.
 


El dolor nos hace pensar que Dios es inestable

El dolor nos hace ver a Dios equivocadamente. Nos hace medirlo con las circunstancias de la vida. Nos hace creer que ya no hay nada más que hacer y lo peor de todo. Que tenemos que cargar a Dios... Increíble pero es cierto, hay veces que pensamos que  podemos hacer las cosas mejores que Dios y peor aún que deberíamos ayudarle para que las cosas no se echen a perder...  
Cuando yo misma he leído este párrafo, me he sorprendido ¿no lo has hecho tú? 
Me pregunto si debería seguir adelante con este tema, es  tan cruel pero creo que  es la verdad sobre nuestra situación; algunas veces leído o dicho de esta manera realmente suena un poquito difícil de aceptar, pero yo te invito a meditar por un rato cierra el libro y medita. ¿Cuántas veces has hecho a Dios tan pequeño, que pienses que él necesita tu ayuda? ¿Cuántas veces has querido, como Magdalena llevarle cargado a la  tumba? ¿Estás consciente de que tu Dios está vivo? 

Si es así di un aleluya... vamos di aleluya bien fuerte. Aleluya!
Pensamos que Dios no puede hacer nada por sí mismo, y que por amor a él debemos cargarle de donde le han puesto (según nosotros) y llevarle a donde reposan los muertos. Una manera humana de pensar ¿no te parece?
Pensamos que Dios es tan débil, que lo cambian de lugar en contra de su voluntad  y a voluntad o deseo del humano. Es entonces donde erramos cuando pensamos: “Tal ves Dios quiere que yo haga esto”
Pensamos que siguiendo el camino al cual nuestro dolor quiere llevarnos, y aceptando todo lo que nuestros sentimientos nos sugieren,  pensamos que  es lo que Dios quiere. Pero no es así. Es lo que nuestras mentes carnales alimentadas por el enemigo quiere que hagamos.
El diablo no quiere que lleguemos a comprender el propósito de Dios al permitir las cosas en nuestras vidas. Por esta causa nos quiere encerrar en nuestro propio dolor, y nos quiere hacer pensar que somos los más sufridos en este mundo, que nuestra vida es totalmente desgraciada y sin futuro. En el pasado Magdalena había sido una marioneta  del diablo.

El la había usado, la había dañado, poseído. Pero Jesús la había  liberado del poder del maligno. Esto era lo que el diablo quería que Magdalena olvidara. Ahora él tenía el plan de volver a tenerle, por esta causa la hacía pensar equivocadamente, y no la dejaba percibir la resurrección de su maestro.
Magdalena tenía rabia y dolor. Lloraba de la impotencia que sentía al no poder hacer nada, lloraba el dolor de su maestro, todo lo que su maestro había sufrido, y que ahora según ella no le dejaban en paz, aún estando muerto.
Ella no tenía temor de que alguien de la guardia le viera allí; Es más, creo que era lo que ella  quería, preguntarle por su maestro. Ella le preguntó a Jesús mismo casi segura de lo que le estaba preguntando.
Magdalena no fue la única que fue al sepulcro. Tampoco era la única que lloraba a su  maestro. No fue la única que escuchó a los ángeles, no era la única que lloraba. Pero me parece que de las mujeres era a la que más Jesús le había dado. De todos modos ya Jesús en una ocasión lo había dicho: “al que mucho se le perdona mucho ama”  y a mi me parece que  Madalena era una de esas.
Ella lloraba la pérdida de  su amigo, de su maestro, de su Señor quien la había liberado. El único que la comprendía, aquel que supo llenar su vacío, aquel que supo lo que la dañaba, el que le había dado la victoria sobre su enemigo.

Ahora ¿cómo iba ella a seguir adelante sin él? ¿Qué les diría a todos aquellos a quienes ella les había dicho lo magnífico que era su maestro?
Ella no había comprendido el propósito de la muerte de Jesús. No comprendía por qué ella tenía que pasar por esto. ¿Lo comprendes tú?
Magdalena lloraba por ella misma; Porque en Jesús ella había encontrado una razón para vivir. 
Aquella muerte era una vergüenza para ella; quizás ella habría preferido que Jesús mostrara su poder a todos, después de todo él era el único hijo de Dios y ella lo sabía. Sabía que él tenía poder sobre la muerte, sabia que era todo poderoso, sabía que para él no hay nada imposible. La pregunta era: ¿Por qué entonces se dejó matar? ¿Por qué no hizo nada por estar con ella? ¿Alguna vez te has preguntado lo mismo?

Claro, Yo mil veces, y en ocasiones hasta he llorado como Magdalena sin entender lo que Dios está haciendo, y también por la vergüenza de lo que dirán mis llamados “amigos”.
Pero Dios ha usado esto para enseñarme que aún cuando yo creo que todo está perdido, él aún está haciendo algo aunque yo no lo vea ni lo sienta.

Recuerda que las cosas espirituales no se tienen que ver, ni sentir solo se tiene que creer.