“Fe, marca el rumbo de la tormenta”
Pablo era un hombre de fe, y estando preso fue enviado a Roma. En este viaje, también le tocó vivir una experiencia un poco más fuerte que la que vivieron los discípulos en el mar de Galilea. Pero Pablo fue un hombre que su estilo de vida era la fe y por esta razón Pablo marcó el rumbo de aquella tormenta que aunque terminó en un naufragio, Dios lo encaminó a bien.
Susurros al oído
En mi adolescencia conocí al hombre que hoy es mi esposo. En aquellos días estaba viviendo los momentos más difíciles de mi vida, ya que había perdido a mi madre, y como adolescente al fin creía que moriría sin ella. Después de un tiempo considerable de que mi novio y yo conocernos decidimos casarnos, ya que los dos nos amábamos y sabíamos que era la voluntad de Dios hacerlo. Pero al instante de mi novio sugerir que nos casáramos surgió la pregunta: ¿con qué dinero haríamos la boda? Después de unos días de meditar sobre el tema, Miguel me dijo que había decidió ir a trabajar un tiempo en Bonaire, donde vivimos ahora. Bonaire es una Antillas Holandesa, pero aunque es grande en territorio, en población no alcanza a quince mil habitantes. Por esta razón su mayor fuente de ingreso son los hoteles y las construcciones. Y Miguel sabía muy poco de estas dos áreas en la que el podía trabajar, así que lo que pudo conseguir fue en construcción y como un simple peón. No es que el trabajo de peón sea peor que otro trabajo, es solo que en este trabajo el ganaría muy poco (pero aunque poco era lo único que podíamos conseguir).
Una mañana en que me sentía deprimida, quise ir al templo a orar, ya que me gustaba estar a solas cuando oraba, y como la iglesia me quedaba cerca de la casa donde vivía me dirigí inmediatamente hacia allá.
Fue en aquella misma iglesia, cuyos bancos me son testigos de las lágrimas derramadas delante de Dios, derramé mi alma y mi corazón, delante de mi único Dios y Padre. Y he aquí mi oración o parte de ella: “Dios tu sabe que quiero casarme como tú mandas, pero tú ves que yo no tengo recursos. Y aunque Miguel irá a trabajar a Bonaire, sé que es muy poco lo que ganará. Y para serte sincera lo que mas me molesta es que yo no puedo aportar nada para la boda. Y tú sabes Padre que no tengo a mi madre conmigo y mi padre aunque quisiera ayudarme no podría, pues no tiene dinero”.
La costumbre en mi país es que cuando una hija se casa los padres de la novia deben comprar todo el ajuar de la novia, y deben cooperar con los gastos de la celebración. Por esta razón yo me sentía deprimida y muy triste. Pues en mi caso el novio tenía que cargar con todos los gastos. Allí de rodillas. En aquel momento, el cual fue tan solemne para mí, mis oídos escucharon aquellas palabras tan hermosas como si alguien estuviera susurrando en mis oídos: “Yo soy tu Padre pídeme y te daré lo que tú quieras, pero pídeme con detalles y ahora”. En ese momento las lágrimas no se detuvieron, si no que empezaron a salir con mas fuerzas, mientras lloraba, sentí sus manos sobre mis hombros, como queriéndome decir “yo estoy aquí contigo mi hija, no te preocupes, todo saldrá bien”.
Mientras seguía sintiendo aquellos brazos sobre mis hombros, seguía escuchando el mismo susurro en mis oídos, pero esta vez me decía “pídeme, pídeme, pídeme”. Y cuanto más oía aquel susurro, la confianza en Dios crecía aún más dentro de mí. Me sequé las lágrimas de mis ojos y de inmediato le pedí, y le hice una lista escrita, sin repara en gastos. Pedí todo lo más caro que pude. Recuerdo que yo no tenía un centavo, y que Miguel no ganaría lo suficiente, aquella lista la hice confiando en las palabras que el mismo Dios me dijo aquella mañana, y creyendo su palabra:
“Pedid, y se os dará. Buscad, y hallareis, llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide recibe, y el que busca halla, y al que toca a la puerta, se le abrirá”
Mateo 7:7.
En aquel momento recibí la palabra directa del corazón de mi Padre quien es Dios.
Pablo al igual que yo, en aquel naufragio recibió la fuerza de Dios y por esta razón su fin fue sin ruina alguna. De mi boda quiero decirte que ni una tilde de la lista que hice aquella mañana dejó de cumplirse. Dios fue fiel y en mi boda me permitió casarme como que tenía unos padres con muchos recursos económicos, aunque así es en realidad, pues mi Padre es Dios ¡Y cuantos recursos tiene!
Aquella boda fue como yo nunca la hubiera soñado.
¡Gracias Dios por tu fidelidad!
Pablo marca el rumbo de una tormenta
Estando Pablo en uno de sus viajes, pero esta vez Pablo estaba preso y era conducido a Roma.
Pablo no fue llevado a Roma el solo, si no, mas bien con todos los demás presos que debían ir aquel lugar. Navegando en un barco primeramente hasta Mira, hasta que llegaron a Buenos Puertos.
Pero como viajaron en una época un tanto peligrosa a causa del mal tiempo, habían permanecido mucho tiempo en este lugar, el cual parece no haber sido muy cómodo para los jefes. Por esta razón aún con el mal tiempo ellos quisieron continuar el viaje hasta llegar a Fénix, otro puerto más confortable situado al oeste de la Costa sur de Creta. Así se convocó una reunión en la cual, Pablo como pasajero distinguido estuvo presente aparentemente. Esto lo podemos notar en que Pablo luego de lo sucedido les dice: “Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan solo para recibir este perjuicio y pérdida.” Hechos 27:21.
El centurión, como oficial principal a bordo naturalmente aceptó el consejo de los expertos, antes que el de Pablo, y zarparon rumbo a Fénix.
Sin embargo, antes de llegar al puerto destinado un viento huracanado dio contra la nave y los alejó de la Costa Cretense. Luego de aligerar la carga se quedaron dando vueltas en el mar sin un rumbo seguro, hasta que toda esperanza de vida se había perdido para todos, excepto para Pablo, que se mantuvo firme como el único hombre a bordo capaz de hacerse cargo de la situación desesperada en que se encontraban sus compañeros de viaje, a los cuales les inspiró aliento de vida de una nueva y refrescante esperanza.
¿Cuál era la diferencia entre Pablo y aquellos hombres? La diferencia que yo puedo notar entre ellos era: Dios, a quien Pablo servía, y la fe en que él vivía. ¡Y aunque todos estaban bajo la misma situación, allí había un hombre que servía a Dios y conocía realmente a quién servía! No es realmente maravilloso nuestro Dios! ¿Puedes alabarlo? Pablo recibió allí en aquella situación las palabras de fuerzas que él necesitaba.
“Pero ahora os exhortó a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros. Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y quien sirvo, diciendo: Pablo, no temas, es necesario que comparezcas ante Cesar, y he aquí, Dios te ha concedido a todos los que navegan contigo” Hechos 27:22-24.
Pablo no titubeó en creerle a Dios, pues sabía que debía llegar a Roma y que por lo tanto no perecería en el mar.
Por unos instantes imaginemos estas escenas. Tal vez algunos lloraban por sus familiares, ya que no les verían mas, otros quizás tenían miedo o pánico, creo que por esta razón no querían comer. Pero ¡Aleluya! Allí había un hombre de fe que creyó a Dios, y aunque nadie hizo nada para detener aquella tormenta antes del naufragio, él sabía, que aunque no veía nada a su favor, creía en fe que todo obraría para bien y por esta razón marcó una diferencia notable entre todos ellos, al animar aquellos hombre a creer en lo que Dios le había dicho por medio de aquel ángel. Aunque no se sabe con exactitud por qué no comían, puede haber sido por falta de ánimo o tal vez por daños en la nave, pero cualquiera que fuere la causa, Pablo les animó a comer y cobrar fuerzas.
Cuando un hombre de fe está viviendo una situación difícil, si éste marca una diferencia, Dios siempre honrará su fe, proveyendo salvación para todos los que le rodean.
Recordemos la historia de José que aunque sus hermanos pensaron mal contra él “Dios lo encaminó a bien”. No debemos desanimarnos porque estemos en la misma situación que los demás, porque ¿Quién va a creer en un Dios al que se le sirve, y no se le cree? Imaginémonos que Pablo hubiese estado como ellos. ¿Qué hubiese ocurrido? No sabemos, pero si de algo podemos estar seguros que allí en aquella nave, a todos les quedo bien claro que al Dios de Pablo se le podía dar mérito porque hablaba, y no solo esto, sino que también respaldaba a sus hijos en situaciones difíciles. El hombre de fe debe aprender a oír la voz de Dios, a saber distinguir cuando está en una situación en la que Dios actuará enseguida, o será después de naufragar. Después de los presos haber comido, en la noche, a la mañana siguiente vieron una playa, la cual era la salvación de todos, o la desgracia de muchos. Porque cuando los soldados vieron que llegaban a tierra firme, pensaron en matar a todos los presos para que no se escapasen. “Entonces los soldados acordaron matar a los presos para que ninguno se fugase nadando. Pero el centurión, queriendo salvar a Pablo, les impidió este intento, y mandó que los que pudiesen nadar se echasen de primero y saliesen a tierra, y los demás, partes en tablas, partes en cosas de la nave. Y así aconteció que todos se salvaron saliendo a tierra.” Hechos 27:42-44.
En esto hecho podemos notar dos cosas:
1-Que aunque el enemigo quiera hacernos ver que sucederá lo contrario de lo Dios nos ha dicho, debemos estar tranquilos. Dios siempre cumplirá su palabra por encima de las circunstancias.
2-Que siempre que un hombre de Dios, el cual por ende es un hombre de fe, está en una tormenta (entiéndase “tormenta” por situaciones difíciles), los demás saldrán bendecidos por el favor que Dios tiene con él.
Llegando a Malta
Malta era una isla, que su nombre significa: “refugio”. Los nativos de aquella ciudad eran muy hospitalarios y recibieron a todos los presos encendiendo fuego para que se calentasen y se secaran sus ropas, ya que hacia mucho frío. Pero no creas que cuando llegas a malta los problemas se terminaron. ¡No, realmente comenzó la función! Si piensas que al hablarte de fe te estoy diciendo que vivirás sin problemas, entonces no me has entendido aún. En este camino de la fe la diferencia entre nosotros y los del mundo es nuestra fe, ya que la misma palabra nos lo dice: “Y esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe”. Sé que realmente no quieres ser un ordinario cristiano al que le suceden las mismas cosas debajo del sol, como dice Salomón en Eclesiastés: “Una misma cosa ocurre a todos los que se encuentran debajo del sol”. Sabemos bien que cuando Salomón pronunció estas palabras había perdido la visión espiritual, lo sabemos en sus últimas palabras al finalizar su discurso: “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto es el todo del hombre.” Eclesiastés 12:13.
Aunque es cierto que nos ocurren de vez en cuando, los mismos sucesos, pero tenemos finales y reacciones diferentes.
Si ya saliste de la tormenta y Dios ha contestado tu petición, entonces es muy posible que te encuentres en Malta, y tal vez tú no lo sepas. Ten mucho cuidado por que lo peligroso está aquí en Malta.
“Entonces habiendo recogido Pablo algunas ramas secas, las echo al fuego, y una víbora huyendo del calor, se le prendió en la mano. Cuando los naturales vieron la víbora colgando de su mano, se decían unos a otros: ciertamente este hombre es homicida, quien, escapando del mar, la justicia no le deja vivir. Pero el, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún daño padeció”. Hechos 28:3-5.
Parece ser, que todos se estaban calentando en el fuego a causa del frío. Pablo al ver que el fuego necesitaba mas leña, fue a buscar mas leña. Pero al recogerlas una de la rama era una víbora, porque a causa del frío que había en aquel lugar, las víboras se congelaban. Cuando pablo echó aquel réptil en el fuego, se descongeló a causa del calor, y se le prendió del brazo a Pablo.
Cuídate de los habitantes de Malta
Después que Pablo se sacudió la víbora del brazo todos pensaron que iba a morir y se quedaron esperando que esto sucediera. “Ellos estaban esperando que el se hínchanse, o cayese muerto, de repente mas habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, cambiaron de perecer y dijeron que era un dios”
Hechos 28:6.
Al principio los habitantes de aquel lugar pensaron que él era un hombre pecador y que esto era castigo de Dios. Luego que pasó el tiempo, y vieron que ningún mal le sobrevenía a Pablo, dice el versículo que “cambiaron de parecer”. Pablo no se detuvo a pensar en los comentarios que hacían en contra de él aquellas personas. Pero ¿Quiénes son los habitantes de Malta? Realmente se parecen mucho a los hermanos que nos rodean. ¿No te recuerdan estas personas a alguien? ¡Claro que sí! Cuantas veces hemos estado en una situación difícil en donde la fe no es el problema, sino, más bien, establecer autoridad de Dios, y hemos oído estas mismas voces. Pero, ¿no eran estos los mismos que habían recibido los presos “no con poco humanidad”?. ¿No fueron los mismos que quisieron ayudar, los que mas adelante, con su lengua quisieron destruir? Como hombre de fe debes aprender a no escuchar la voz de los habitantes de Malta, y ha saber bien que tú no eres un homicida, que tú eres un hijo de Dios, con autoridad. El enemigo quiere que tú creas que debes estar en esa situación y morir en ella, si es posible, porque tú no eres un hijo de Dios digno de su favor, y porque él tiene que castigarte. Esa es una mentira de él. ¡Sacúdete, hermano sacúdete! No permitas que él gane terreno diciendo mentiras sobre ti. Tú debes saber quien tus eres para Dios. Nadie puede convencerte de lo contrario a lo que tú crees ser, un hijo de Dios legitimo a quien se le ha delegado autoridad. Eres un hombre de fe, y el enemigo realmente no puede terminar con un hombre de fe. Aun te queda camino por recorrer y yo sé que lo harás.
Hace años queriendo avivar el fuego, para que otros se calentasen, la víbora se me prendió del brazo, y quiso matarme, pero no lo logró porque soy una mujer que sabe la autoridad que tiene.
Cuando me casé, lo hice consciente de que era una sola vez y para siempre. Como dicen en la ceremonia: “hasta que la muerte los separe”. Pero a mi me estaba separando la muerte pero no física, sino, espiritual.
Al casarme sabía que tendría problemas, pues en las pocas charlas a las que había asistido escuché decir: “El matrimonio, no solo son rosas y bombones”. Pero yo creí con la madurez que yo tenía, superaría los por menores que según yo el matrimonio tenía. Pero este no es un problema de madurez emocional, esto es otra cosa, es saber conocer al enemigo, y saber cuando te encuentras en Malta.
Aunque desde niña, la fe fue una característica de mi personalidad. Aprendí a tener paz en la tormenta, pude animar a otros como Pablo, para que comieran, pues yo sabía que no perecerían. Aunque viera que las aguas anegaban mi barca, siempre creía a Dios y confiaba. Estaba acostumbrada a que la fe me funcionara en medio de los problemas. Pero, ¿y que de Malta? De Malta te diré, que no sabía nada. Pero aún tú no sepas nada de Malta, si has pasado la tormenta entonces puede ser que estés en Malta.
En mi matrimonio cuando comenzaron los problemas, puse mi fe en marcha, pero comencé a notar que algo andaba mal, tenía fe, sabía que los problemas no debían acabar conmigo, pero ¿Por qué sentía que algo andaba mal? No lo comprendía, pero comencé a usar las armas que conocía. Recuerdo que yo sabía de fe, y el camino de la fe es creer que todo va estar bien, aunque veas todo mal. Así lo hice, y proclame una y otra vez mi fe. Pero ¿Qué salió mal? ¿Dónde me había equivocado? Me preguntaba a mí misma. Luego pensé: “tal vez el problema es mi esposo” ya que según yo el no tenía suficiente fe, para que saliéramos bien de aquel problema. Aún así seguía pensando que esa situación era completamente diferente a las demás situaciones que yo había vivido. Y aunque sabía que algo andaba mal, si no era mi esposo, entonces ¿Qué? O ¿Quién? Cuando se han librado muchas tormentas y se es un hombre de fe, lo único que se mantiene vivo es la esperanza en nuestro Dios. Porque realmente lo conocemos y sabemos que algo él hará en el momento preciso. Yo no sabía qué, pero sí sabía que yo no estaba sola, pues sentía su presencia cuidándome. Yo no sabia que al yo haber llegado a Malta, la víbora se me había prendido del brazo, y me había mordido mortalmente. Aunque yo nunca lo supe, mi interior comenzó a sentir los síntomas, y comencé a morir espiritualmente poco a poco. Fue un proceso del que nunca hubiera salido con vida de no haber sido por él, por mi Dios que es tan grande en misericordia. Y aunque ya interiormente no era la misma, Dios seguí mirándome como su hija. ¡No importa lo que diga la gente de ti, lo importante es lo que Dios diga! Hay un letrero que vi en una ocasión, cuando asistí a una campaña, decía: “Yo soy importante porque Dios no hace porquerías” debajo del letrero un niño llorando. Eso pienso yo, que a Dios, no le importa que tan bajos estemos nosotros sus hijos, a él realmente no le importa cuando piensa en ayudarnos, porque Dios siempre ha querido el bien de sus hijos.
“Deja de llorar y pelea”
Un día sin entender todo lo que me pasaba, entré en mi habitación, y con lágrimas en mis ojos quedé quieta en la presencia de Dios sin pronunciar palabras, pues no sabía que pedir.
Después de varios minutos de estar así, escuché una voz que me dijo: “deja de llorar, pelea y defiéndete”. Y en aquel instante sentí que alguien me sacudió. ¡Si!
Literalmente allí estaba mi cuerpo siendo sacudido con fuerza, una y otra vez. Luego oí una voz que me hablo de nuevo y me dijo: “Hazle guerra al diablo, no le llores, enfréntalo”. Y mientras oí aquella voz seguía sintiendo que algo pasaba con mi cuerpo. Mis lágrimas se acabaron y algo en mi interior cambió, yo lo sabía, aunque no lo comprendía, desde aquel momento supe que ocurrió algo dentro de mí. Luego de unos pocos minutos salí a la cocina, y sin saber porque sentí la sensación de victoria (como cuando se ha estado esperando algo y al fin se consigue) y quise brindar, y así lo hice. Y allí en aquella cocina, una mujer sola y con lágrimas en los ojos, brindó por su victoria sobre Satanás. Y desde aquel día me hice una promesa a mi misma de vivir para guerrear contra el enemigo y establecer la autoridad de mi Padre. No soy la misma mujer, es cierto que de vez en cuando paso por Malta pero a la víbora le queda bien claro quien soy yo. Por que inmediatamente comienzo a dar lo que tengo, autoridad de Dios. Si hace falta salud la doy, si hace falta fe la transmito, si hay alguien que necesite algo de Dios yo estoy allí para dárselo. Ya que el hombre de fe, no solo sabe salir bien de una situación difícil, y animar a todo el que esta a su alrededor, sino, que también sabe dar a otros lo que tiene, y si no sabes dar a otro lo que tienes puede ser que algo no este bien en tu vida.