Quiénes somos
En que creemos
1. Creemos que la Biblia es la Palabra de Dios.“ Toda la Escritura es inspirada por Dios…», declara Pablo (2 Ti. 3:16).
2. Creemos en la existencia de un solo Dios pero que es espíritu «Dios es ESPÍRITU» (Jn. 4:24). Dios es ETERNO, sin principio ni fin, cuya explicación se halla sólo en su misma Persona, sin referencia a ninguna causa anterior: «Yo soy el que soy» (Ex. 3:14). Juan declara, además, que «Dios es LUZ» (1 Jn. 1:5)
3. Creemos en que el hombre fue creado por Dios (Gen 2:7), pero que tuvo una caída en el huerto del edén, y que ahora es pecador sino acepta a Jesucristo (Romanos 5:12–21)
4. Creemos en la culpabilidad del hombre y en el juicio de Dios«Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará», sea en el tiempo, sea en la eternidad. Sólo Dios es el Juez justo, el Árbitro moral de Su universo, y a Él solo compete juzgar y aplicar la sentencia, que se pronunciará según las normas de la más perfecta justicia (Hch. 17:31; Ro. 2:6–16; 14:11 y 12; Ap. 11:15–18; 16:5 y 6; 20:11–15).
5. Creemos en la persona de Cristo ya que la biblia dice: “ nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiere revelar» (Lc. 10:22). Pero eso no nos excusa de meditar en las consecuencias de rechazarlo.
6. Creemos que Jesús vino en carne y que una virgen llamada María concibió por obra y gracia del Espíritu Santo, según la preciosa anunciación del ángel Gabriel (Lc. 1:35)
7. Creemos en que Jesús pago nuestros pecados en la cruz. La solución del dilema se halla en la Cruz, donde la justicia de Dios se satisfizo v la fea mancha del pecado quedó borrada por la ofrenda de Cristo, hecha una sola vez (He. 9:28; Ro. 3:25, etc.). El Sacrificio es sumamente eficaz, y todo el concepto se eleva infinitamente por encima de las ideas personales.
8. Creemos en la justificación por la fe por medio de Jesucristo. La justicia no es una mera declaración legal de nuestra nueva posición ante Dios, sino que es una obra vital, que supone nuestra unión espiritual con Cristo, de modo que la justicia recibida ha de producir sus frutos en nuestra vida (Fil. 1:11).
9. Creemos en la persona del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es una persona, no una mera influencia, emanación o manifestación. En las palabras del Señor Jesús a los apóstoles en el cenáculo atribuye al Espíritu Santo acciones propias de una persona: «Yo rogaré al Padre—dice—, y os dará otro consolador (o Abogado)… Mas el Consolador, el Espíritu Santo…, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho» (Jn. 14:16 y 26). «Cuando venga el Consolador…, él dará testimonio de mí» (Jn. 15:26). «Y cuando él venga convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio …, pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir» (Jn. 16:7–15).
10. Creemos en el bautismo del Espíritu Santo. El Espíritu Santo y la santificación. El Espíritu Santo habita en los creyentes a partir del momento de su conversión (Hch. 2:38; Ro. 8:11; 1 Co. 6:19 y 20; Gá. 4:6; 2 Ti. 1:14); y «si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él» (Ro. 8:9). Pero si bien es verdad que en cada creyente regenerado mora el Espíritu Santo y que ya está bautizado en Cristo por el Espíritu Santo, también es cierto que las Escrituras distinguen entre poseer el Espíritu y estar llenos del Espíritu. Esto puede verse en la Epístola a los Efesios, por ejemplo, en cuyo versículo 4:30 Pablo
11. Creemos la segunda venida de Cristo en persona es doctrina fundamental, ya que Él mismo dijo con toda claridad: «Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo», mientras que los ángeles, mensajeros celestiales del Señor, anunciaron a los apóstoles: «Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo» (Hch. 1:11).
12. Creemos en que hay un infierno un lugar de eterno castigo para los que rechazan el amor de Dios.
Mateo 5:29-30, Lucas 12:4-5.
13. Creemos en un juicio final. Una acción divina por la cual Dios el creador juzga a sus criaturas rebeldes. Dios es un Dios de justicia (Mal. 2.17) y nos ha hecho moralmente responsables delante de él, quien juzga a toda su creación (Ro. 2.15–16). La Biblia indica que Dios juzgará toda maldad en la humanidad en el día del j (Sal. 5.4–6; 31.18; Mt. 12.36; Ro. 2.6–11; 1 P. 4.5). Nada puede ocultarse de sus ojos (Ro. 2.16) y cada acción humana será juzgada (Mt 15.27; 25.31–46; Ap. 22.12).
14. Creemos en que habrá un cielo nuevo y una tierra nueva. La tierra fue maldecida por causa del hombre; pero es redimida por el segundo Adán. Ahora es la Iglesia; en el milenio será el reino; y después de todo eso será el mundo en el cual Dios será el todo en todos. El “día del Señor” y la conflagración de la tierra se considera en 2 Pedro 3 como unidos por lo que muchos arguyen en contra del intervalo milenial transcurrido entre su venida y la conflagración general de la antigua tierra, preparatoria para la nueva; pero “día” se usa muchas veces para denotar todo un período que comprende eventos íntimamente relacionados, como son la segunda venida del Señor, el milenio, así como la conflagración general y el juicio.
